miércoles, 17 de junio de 2009

Todo lo que no dices se mantiene ahí,
enlarvando, esperando.
Nada es tan cómodo como lo que no se resuelve,
como lo que finge y se acostumbra a ser un estorbo.
Tus tejidos se parecen a los mios,
cobardes y podridos,
sin intención de irse, sólo aguardando a que un perro llegue y los devore,
pretendiendo ser un motivo más que vale la pena, pero no lo son.
Desde aquí lo puedes ver, cómo todo corre, se revuelca en el pasto, reta a las nubes.
Es succionado por tu insatisfacción favorita, la que intentas justificar,
que se torna en reflejos que nadie más puede entender,
decolora el sentido, alimenta tu ego.
Parece tan lógico cuando se busca una causa mayor, pero aqui ya no hay rumbo, son sólo palabras.
No hay nada mejor logrado que el nudo que no se deshace,
que carcome los pensamientos y nos estanca a un alambre de puas.

Circular

Nos encanta fluir en esta corriente que se dice tiempo, que se proclama nueva, que nos arrastra entre castillos y ruinas, que crea oportunidades y nos deja sin opción.
Nos gusta mirar al cielo que se abre. Cada edificio que construimos, repletos de ventanas, miradas por doquier, razones que nos empujan y nos encierran. Nuestros días que se escriben.
Las manecillas nos parecen el más patético invento, un intento de fraccionar lo que tú y yo tenemos para siempre.
Vamos nadando mientras aprendemos a reir, a burlarnos, a agonizar.
Encontramos tantas direcciones para descubrir, para inhalar. Nos separan, nos reinventan. Callamos la mente, capturamos sonidos.
Tu pelo se azota en el viento, soplándome todos los colores que quiero para mí.
Es como caminar en un cuento, entre elefantes amarillos y ratones que se esconden.Todo tan absurdo de explicar, tan fantástico, tan nuestro.
Pero nos da miedo pensar que estamos en la cima, que somos tan felices,
porque, de pronto, olvidamos cómo llegamos hasta aquí,
porque, de vez en cuando, nos gusta voltear,
alborotar los cajones de la memoria, desandar la corriente, revivir antiguas paredes, lamer la magia de otra época... echar de menos.

jueves, 11 de junio de 2009

Ella ya no puede dormir de noche. Se despierta a horas improvisadas, con la boca seca y el cuerpo adolorido, sintiendo cómo le pesa la falta, preguntándose en dónde están tus sueños.

Tiene miedo de no poder recordar,

yo también.